En un artículo de Alain de Benoist (leo la versión en inglés http://www.alaindebenoist.com/pdf/on_politics.pdf ), me encuentro con este curioso diagnóstico del humanitarismo actual, pretencioso y grandilocuente hasta causar hastío con su énfasis en grandes palabras como solidaridad o justicia, pero leve en su sustancia:
"el humanitarismo contemporáneo es sucesor de la política de la piedad del siglo XVIII, que en aquel tiempo ya dividía el mundo entre felices e infelices. Se basa en un sentimiento de generosidad acrítico. Esta generosidad degenera en una sentimentalidad abstracta, sostenida sobre un voyerismo, cuyo ánimo es desplegarse todo lo posible, pero sin dar lugar a deliberación alguna. Hoy el voyerismo se ha convertido en moneda corriente en la televisión. 'La televisión ofrece inmediatamente los instrumentos para dar forma a las opiniones: indignación, horror, emocion, el espectáculo del duelo o el sufrimiento. Sin tener la conciencia demasiado clara, el público descubre los males que ha evitado y experimenta escándalo por su propio confort. Así, para aliviar su malestar, reclama o rechaza ciertas concesiones, antes de olvidar de nuevo la injusticia universal para volver a enredarse en disputas locales o en riñas familiares'. Esa filantropía etérea, en la que amar a cualquiera salvo al propio vecino es lo normal, es la otra cara de la moneda del individualismo y la soledad que éste engendra".
Me parece una buena descripción de la sensibilidad ética dominante. Tiene su complemento más profesional en la insoportable pose estética, que no ética, de los opinadores que promueven ese humanismo de bolsillo.
domingo, septiembre 16, 2012
domingo, septiembre 27, 2009
Una hermosa filosofía de vida y una carrera de éxito
Las citas son del Dr. Pedro Cavadas, de la Clínica Cavadas, famoso por haber realizado el primer trasplante facial en España:
"A mí de pequeño me educaron en la cultura del esfuerzo: una cosa es lo que a ti te apetezca, y otra lo que tienes que hacer. Me educaron, o me eduqué yo así"
"creo en una distribución razonable de la riqueza. Eso sí, no somos todos iguales: el que curra no tiene por qué ganar lo mismo que el vago, lo siento"
"Las subvenciones y los subsidios generan vagos"
" la atención ilimitada, universal, gratuita y a granel para todo el mundo, con cargo a las arcas públicas, es maravillosa como concepto, pero es irreal"
Más aquí
domingo, mayo 17, 2009
Trabajadores, funcionarios y políticos
Me ha llegado un mensaje de correo con el contenido que reproduzco más abajo. Desconozco la exactitud de los datos. Tampoco se trata de que yo lo suscriba, especialmente en todo lo que pueda seguirse de defensa del estatuto actual de la función pública. Creo que, cómo mínimo, haríamos bien en buscar fórmulas para aumentar la productividad de los funcionarios, acabar con los abusos en materia de bajas, asuntos propios, horarios, etcétera. Eso como mínimo. En cualquier caso, el contenido del mensaje me parece interesante porque pone de manifiesto como muchas veces al poner a los funcionarios en el punto de tiro de las críticas, les hacemos el caldo gordo a los políticos, los auténticos privilegiados de este país. Y no son pocos.
“Ha dicho un político que es indecente que mientras la inflación es -1%, los funcionarios, además de tener plaza fija, tengan una subida salarial del 5% , Objetivo: congelarles el sueldo.
Me gustaría transmitirle a este "profesional" lo que considero indecente. Indecente, es que el salario mínimo de un trabajador sea de 624 €/mes, y el de un diputado 3.996, pudiendo llegar con dietas y otras prebendas a 6.500 €/mes; Indecente es que un catedrático de universidad, o un cirujano de la sanidad pública, ganen menos que el concejal de festejos de un ayuntamiento de tercera; Indecente es que los políticos se suban sus retribuciones en el porcentaje que les apetezca, (siempre por unanimidad, por supuesto, y al inicio de la legislatura); Indecente es comparar la jubilación de un diputado y el de una viuda; Indecente, es que un ciudadano tenga que cotizar 35 años para percibir una jubilación, y a los diputados les baste con siete, y los miembros del gobierno para cobrar la ensión máxima solo necesiten jurar el cargo; Indecente es que los diputados sean los únicos trabajadores (¿?) de este país que están exentos de tributar un tercio de su sueldo del IRPF; Indecente es colocar en la administración miles de asesores, amigotes con sueldos, que ya desearían los técnicos más cualificados; Indecente es el millonario gasto en pobres TV autonómicas, creadas al servicio de la pervivencia en el trono de políticos puramente mediocres; Indecente es el ingente dinero destinado a sostener los partidos aprobados por los mismos políticos que viven de ellos; Indecente es que a un político no se le exija superar una mínima prueba de capacidad para ejercer u
cargo (y no digamos intelectual o cultural); Indecente es el coste que representan a los ciudadanos sus comidas, coches oficiales, chóferes, viajes siempre en gran clase y tarjetas de crédito por doquier; Indecente es que sus señorías tengan seis meses de vacaciones al año; Indecente es que sus señorías cuando cesan en el cargo tengan un colchón del 80% del sueldo durante 18 meses; Indecente es que ex ministros, ex secretarios de estado y altos cargos de la política, cuando cesan, son los únicos ciudadanos de este país que pueden legalmente percibir dos salarios del erario público; Indecente es que se utilice a los medios de comunicación para transmitir a la sociedad que los funcionarios solo representan un coste para el bolsillo de los ciudadanos; Indecente es que nos oculten sus privilegios mientras vuelven a la sociedad contra quienes de verdad les sirven;. Mientras, hablan de política social y derechos sociales. ¡Qué indecencia. . .!”
“Ha dicho un político que es indecente que mientras la inflación es -1%, los funcionarios, además de tener plaza fija, tengan una subida salarial del 5% , Objetivo: congelarles el sueldo.
Me gustaría transmitirle a este "profesional" lo que considero indecente. Indecente, es que el salario mínimo de un trabajador sea de 624 €/mes, y el de un diputado 3.996, pudiendo llegar con dietas y otras prebendas a 6.500 €/mes; Indecente es que un catedrático de universidad, o un cirujano de la sanidad pública, ganen menos que el concejal de festejos de un ayuntamiento de tercera; Indecente es que los políticos se suban sus retribuciones en el porcentaje que les apetezca, (siempre por unanimidad, por supuesto, y al inicio de la legislatura); Indecente es comparar la jubilación de un diputado y el de una viuda; Indecente, es que un ciudadano tenga que cotizar 35 años para percibir una jubilación, y a los diputados les baste con siete, y los miembros del gobierno para cobrar la ensión máxima solo necesiten jurar el cargo; Indecente es que los diputados sean los únicos trabajadores (¿?) de este país que están exentos de tributar un tercio de su sueldo del IRPF; Indecente es colocar en la administración miles de asesores, amigotes con sueldos, que ya desearían los técnicos más cualificados; Indecente es el millonario gasto en pobres TV autonómicas, creadas al servicio de la pervivencia en el trono de políticos puramente mediocres; Indecente es el ingente dinero destinado a sostener los partidos aprobados por los mismos políticos que viven de ellos; Indecente es que a un político no se le exija superar una mínima prueba de capacidad para ejercer u
cargo (y no digamos intelectual o cultural); Indecente es el coste que representan a los ciudadanos sus comidas, coches oficiales, chóferes, viajes siempre en gran clase y tarjetas de crédito por doquier; Indecente es que sus señorías tengan seis meses de vacaciones al año; Indecente es que sus señorías cuando cesan en el cargo tengan un colchón del 80% del sueldo durante 18 meses; Indecente es que ex ministros, ex secretarios de estado y altos cargos de la política, cuando cesan, son los únicos ciudadanos de este país que pueden legalmente percibir dos salarios del erario público; Indecente es que se utilice a los medios de comunicación para transmitir a la sociedad que los funcionarios solo representan un coste para el bolsillo de los ciudadanos; Indecente es que nos oculten sus privilegios mientras vuelven a la sociedad contra quienes de verdad les sirven;. Mientras, hablan de política social y derechos sociales. ¡Qué indecencia. . .!”
viernes, mayo 16, 2008
Mentiras de Occidente
Inexistente Al Ándalus, de Rosa Mª Rodríguez Magda, me ha puesto sobre la pista de un libro reciente del pensador francés Pascal Bruckner.
Rodríguez Magda, que denuncia la mitificación de la historia de Al Ándalus a la que se aplican con fruición tantos y tantos intelectuales y creadores de opinión de izquierdas, erigidos a sí mismos en los últimos rescoldos de las Luces de Occidente cuando no son más que sus donjulianescos verdugos, se inspira, para elaborar su particular j’ accuse , en las tesis que Bruckner expone en La tyrannie de la penitence. Essai sur le masochisme occidental.
Bruckner desde luego no se anda por las ramas y denuncia como otros, no tan numerosos como silenciados, que la inquina con la que nuestros intelectuales de izquierdas se ceban con los pecados de Occidente es sólo superada en intensidad y gravedad por la justificación, latente en sus lamentos pietistas y buenistas, de tantos y tantos crímenes y criminales no occidentales.
El libro de Bruckner no está traducido, aunque es bien asequible a través de amazon.fr . Sí es recomendable, para aproximarse al autor, dedicar unos minutos a la lectura de un artículo publicado en letraslibres.com
Algunos botones de muestra:
“La gran virtud de Europa reside en la conciencia de su lado oscuro, de sus taras, la fragilidad de las barreras que la protegen de su propia deshonra. Esta lucidez impide que Europa llame a la cruzada del Bien contra el Mal proponiendo en cambio, como tan certeramente lo expresó Raymond Aron, luchar por lo preferible contra lo espantoso. Pero la desconfianza que se cierne sobre la mayor parte de nuestros logros más impresionantes lleva siempre el riesgo de descender hasta el más odioso y fácil derrotismo. Vivimos merced a los dividendos producidos por nuestra autoacusación. Supuestamente estamos en eterna deuda con los pobres, los oprimidos, los inmigrantes... y nuestra única obligación es redimirla eternamente. Qué mejor que considerar como una epidemia la ola de arrepentimiento que se extiende por todo el continente, sobre todo entre las religiones principales. Esta sería una actitud inmejorable, siempre y cuando las otras culturas y creencias reconocieran también sus errores. Para muchos países, especialmente en el mundo árabe, la autocrítica se confunde con la búsqueda de un chivo expiatorio: nunca es culpa suya, siempre de otro.
“Europa occidental sabe que, sin la ayuda estadounidense del siglo pasado, habría sido borrada del mapa o colonizada por las tropas soviéticas.”
“En la imaginación de muchos intelectuales y dirigentes políticos, Estados Unidos desempeña el papel que alguna vez tuvieron los judíos en la demonología nacionalsocialista.”
“Estados Unidos no está mejor sin nosotros que nosotros sin él. Pese a la desconfianza mutua, estamos condenados a fortalecer nuestros vínculos y a aumentar la cooperación trasatlántica.”
Rodríguez Magda, que denuncia la mitificación de la historia de Al Ándalus a la que se aplican con fruición tantos y tantos intelectuales y creadores de opinión de izquierdas, erigidos a sí mismos en los últimos rescoldos de las Luces de Occidente cuando no son más que sus donjulianescos verdugos, se inspira, para elaborar su particular j’ accuse , en las tesis que Bruckner expone en La tyrannie de la penitence. Essai sur le masochisme occidental.
Bruckner desde luego no se anda por las ramas y denuncia como otros, no tan numerosos como silenciados, que la inquina con la que nuestros intelectuales de izquierdas se ceban con los pecados de Occidente es sólo superada en intensidad y gravedad por la justificación, latente en sus lamentos pietistas y buenistas, de tantos y tantos crímenes y criminales no occidentales.
El libro de Bruckner no está traducido, aunque es bien asequible a través de amazon.fr . Sí es recomendable, para aproximarse al autor, dedicar unos minutos a la lectura de un artículo publicado en letraslibres.com
Algunos botones de muestra:
“La gran virtud de Europa reside en la conciencia de su lado oscuro, de sus taras, la fragilidad de las barreras que la protegen de su propia deshonra. Esta lucidez impide que Europa llame a la cruzada del Bien contra el Mal proponiendo en cambio, como tan certeramente lo expresó Raymond Aron, luchar por lo preferible contra lo espantoso. Pero la desconfianza que se cierne sobre la mayor parte de nuestros logros más impresionantes lleva siempre el riesgo de descender hasta el más odioso y fácil derrotismo. Vivimos merced a los dividendos producidos por nuestra autoacusación. Supuestamente estamos en eterna deuda con los pobres, los oprimidos, los inmigrantes... y nuestra única obligación es redimirla eternamente. Qué mejor que considerar como una epidemia la ola de arrepentimiento que se extiende por todo el continente, sobre todo entre las religiones principales. Esta sería una actitud inmejorable, siempre y cuando las otras culturas y creencias reconocieran también sus errores. Para muchos países, especialmente en el mundo árabe, la autocrítica se confunde con la búsqueda de un chivo expiatorio: nunca es culpa suya, siempre de otro.
“Europa occidental sabe que, sin la ayuda estadounidense del siglo pasado, habría sido borrada del mapa o colonizada por las tropas soviéticas.”
“En la imaginación de muchos intelectuales y dirigentes políticos, Estados Unidos desempeña el papel que alguna vez tuvieron los judíos en la demonología nacionalsocialista.”
“Estados Unidos no está mejor sin nosotros que nosotros sin él. Pese a la desconfianza mutua, estamos condenados a fortalecer nuestros vínculos y a aumentar la cooperación trasatlántica.”
sábado, marzo 08, 2008
Impresionante profecía...
del atentado de ayer la realizada el 23 de enero por Joan Valls en este artículo.
Destaco lo siguiente:
"¿Le interesa al terrorismo vasco un cambio de Gobierno? La lógica dicta que no. A pesar de la escenificación en el último año de ruptura de negociaciones, la ETA encontró en este desgobierno un respiro con el que ni tan siquiera soñaba en pleno acoso del ejecutivo de Aznar. Es muy posible que nos encontremos en un paréntesis cuyo cierre se pondrá el 10 de marzo. A partir de ahí, los hombres de paz resurgirán. Pero, para ello, es imprescindible que el PP no recupere el gobierno.
¿Qué parte del guión nos espera en estas últimas seis semanas? Si a la ETA le interesa prolongar el desgobierno surgido del 11M, habría que temer su irrupción en la campaña electoral con un atentado contra políticos. No se trataría de un atentado indiscriminado al estilo de la T4, sino del asesinato de un miembro del partido socialista. Eso, siguiendo el paradigma terrorista, presentaría al PSOE como enemigo declarado de la banda y eliminaría de la retina de los votantes la idea de que Rodríguez ha estado dialogando con los asesinos durante parte de la legislatura. Hablamos de lógica terrorista pura y dura, por lo que los parámetros de la civilización no tienen validez en la estrategia."
Destaco lo siguiente:
"¿Le interesa al terrorismo vasco un cambio de Gobierno? La lógica dicta que no. A pesar de la escenificación en el último año de ruptura de negociaciones, la ETA encontró en este desgobierno un respiro con el que ni tan siquiera soñaba en pleno acoso del ejecutivo de Aznar. Es muy posible que nos encontremos en un paréntesis cuyo cierre se pondrá el 10 de marzo. A partir de ahí, los hombres de paz resurgirán. Pero, para ello, es imprescindible que el PP no recupere el gobierno.
¿Qué parte del guión nos espera en estas últimas seis semanas? Si a la ETA le interesa prolongar el desgobierno surgido del 11M, habría que temer su irrupción en la campaña electoral con un atentado contra políticos. No se trataría de un atentado indiscriminado al estilo de la T4, sino del asesinato de un miembro del partido socialista. Eso, siguiendo el paradigma terrorista, presentaría al PSOE como enemigo declarado de la banda y eliminaría de la retina de los votantes la idea de que Rodríguez ha estado dialogando con los asesinos durante parte de la legislatura. Hablamos de lógica terrorista pura y dura, por lo que los parámetros de la civilización no tienen validez en la estrategia."
lunes, diciembre 10, 2007
The Welfare State We're in
Seguí la recomendación que hizo Martin Durkin, el Director de "The Great Global Warming Swindle", en esta entrevista y comencé a leer "The Welfare State We're in" de James Bartholomew. He aquí alguna reflexión interesante:
“El bienestar a través del Estado es como una religión en la que cada vez se cree con menos fuerza. Es una religión todavía respetada. Mucha gente va a sus iglesias. Inclinan sus cabezas y cantan sus himnos. Se asombran si alguien se comporta de manera irrespetuosa. Pero en sus corazones, ya no creen que sea algo maravilloso o que haya sido un éxito en lo que se esperaba que hiciera”.
“Como en el caso de la religión, probablemente haya mucha gente que calla sus dudas porque quieren creer. De ese modo, se sienten confortados. El apoyo al Estado de bienestar hace que algunas personas crean que de ese modo expresan su preocupación por la gente pobre y necesitada, incluso cuando ese sistema es particularmente dañino para esa gente. Hay también miedo a no creer. Muchos sienten miedo respecto a lo que pueda suceder al enorme Estado de bienestar. No están seguros de cómo reducir sus dimensiones sin hacer daño a la gente.
De ese modo, estamos en una fase transicional, un periodo en el que el las creencias ha quedado maltrechas, pero en el que las personas aún no gustan de admitirlo y no gustan de admitir la evidencia. Los políticos todavía creen, y con razón, que pueden alcanzar el poder si apenas continúan postrándose ante el altar del Estado de bienestar. Continúan haciéndolo, incluso cuando, como ocurre en el caso de Tony Blair, es evidente que como poco han desistido del viejo modelo de exhaustivo control estatal”.
James Bartholomew “The Welfare State We’re in”, Preface.
Nota al margen: en Amazon.com recomiendan comprarlo junto con "Is the Welfare State Justified?" de Daniel Shapiro. También seguí esta recomendación de Amazon.com y os aseguro que es de fiar.
“El bienestar a través del Estado es como una religión en la que cada vez se cree con menos fuerza. Es una religión todavía respetada. Mucha gente va a sus iglesias. Inclinan sus cabezas y cantan sus himnos. Se asombran si alguien se comporta de manera irrespetuosa. Pero en sus corazones, ya no creen que sea algo maravilloso o que haya sido un éxito en lo que se esperaba que hiciera”.
“Como en el caso de la religión, probablemente haya mucha gente que calla sus dudas porque quieren creer. De ese modo, se sienten confortados. El apoyo al Estado de bienestar hace que algunas personas crean que de ese modo expresan su preocupación por la gente pobre y necesitada, incluso cuando ese sistema es particularmente dañino para esa gente. Hay también miedo a no creer. Muchos sienten miedo respecto a lo que pueda suceder al enorme Estado de bienestar. No están seguros de cómo reducir sus dimensiones sin hacer daño a la gente.
De ese modo, estamos en una fase transicional, un periodo en el que el las creencias ha quedado maltrechas, pero en el que las personas aún no gustan de admitirlo y no gustan de admitir la evidencia. Los políticos todavía creen, y con razón, que pueden alcanzar el poder si apenas continúan postrándose ante el altar del Estado de bienestar. Continúan haciéndolo, incluso cuando, como ocurre en el caso de Tony Blair, es evidente que como poco han desistido del viejo modelo de exhaustivo control estatal”.
James Bartholomew “The Welfare State We’re in”, Preface.
Nota al margen: en Amazon.com recomiendan comprarlo junto con "Is the Welfare State Justified?" de Daniel Shapiro. También seguí esta recomendación de Amazon.com y os aseguro que es de fiar.
viernes, septiembre 21, 2007
Nos vamos a Pyongyang: al Hotel Ryugyong
La historia del Hotel Ryugyong es realmente curiosa: Kin Il Sung ordenó levantarlo en Pyongyang, a finales de los ochenta, para mostrar la superioridad de la ingeniería de la Corea comunista respecto de la de Corea del Sur, ya que una empresa radicada en este país acababa de construir en Singapur el que, en ese momento, era el hotel más alto del mundo, el Westin Stamford, hoy Swissôtel The Stamford.
Este es el Hotel Ryugyong:

Y este de abajo es el Swissôtel Stamford.

El Hotel Ryugyong nunca llegó a terminarse. Es más, amenaza ruina.
Fernando Diaz-Villanueva relata la historia del Ryungyong aquí y concluye contando que "durante años las autoridades de Pyongyang gustaban de publicar postales en las que el hotel aparecía terminado y disfrutando de una iluminación nocturna extraordinaria. Era mentira, simple manipulación fotográfica con la que los jerarcas del régimen trataban de engañar a los visitantes".
Sin embargo, parece que no fue esa la única estrategia de propaganda.
Este enlace lleva a una conocida página desde la que se pueden efectuar reservas en hoteles. Como veréis podéis elegir las fecha en la que alojaros en alguna de las 3000 habitaciones del Hotel Ryugyong de Pyongyang y consultar la disponibilidad para las fechas deseadas; después de esperar unos segundos, veréis una foto de la (supuesta) habitación, un formulario de información del hotel (vacío) y un mensaje: Hotel no disponible.
Este es el Hotel Ryugyong:

Y este de abajo es el Swissôtel Stamford.

El Hotel Ryugyong nunca llegó a terminarse. Es más, amenaza ruina.
Fernando Diaz-Villanueva relata la historia del Ryungyong aquí y concluye contando que "durante años las autoridades de Pyongyang gustaban de publicar postales en las que el hotel aparecía terminado y disfrutando de una iluminación nocturna extraordinaria. Era mentira, simple manipulación fotográfica con la que los jerarcas del régimen trataban de engañar a los visitantes".
Sin embargo, parece que no fue esa la única estrategia de propaganda.
Este enlace lleva a una conocida página desde la que se pueden efectuar reservas en hoteles. Como veréis podéis elegir las fecha en la que alojaros en alguna de las 3000 habitaciones del Hotel Ryugyong de Pyongyang y consultar la disponibilidad para las fechas deseadas; después de esperar unos segundos, veréis una foto de la (supuesta) habitación, un formulario de información del hotel (vacío) y un mensaje: Hotel no disponible.
miércoles, septiembre 19, 2007
Crecimiento económico y libertad
"[...] parece perfectamente posible administrar una próspera sociedad industrial moderna impregnada de un espíritu comunalista o familista y bajo el dominio de un Estado autoritario. Ni la falta de libertad política o intelectual, ni la falta de libertad social, ni la perpetuación de un espíritu familiar confuciano inhiben necesariamente la realización económica. Nos guste o no, el ángel de la muerte que castiga la ineficacia económica no siempre está al servicio de la libertad. Cierto que ha prestado algunos servicios a la libertad, pero no parece que esté permanentemente a sus órdenes. Esto puede entristecer a los que somos liberales y nos sentíamos complacidos al contar con un aliado tan poderoso, pero lo mejos es que nos enfrentemos con los hechos" (Ernest Gellner, Las condiciones de la libertad, Paidos, 1996, p.184)
viernes, septiembre 14, 2007
Perdedores radicales
Interesantes las reflexiones de Hans Magnus Enzensberger en El perdedor radical sobre las motivaciones de los terroristas islamistas. Lejos de explicaciones simplistas y maniqueas, Enzersberger pone el acento en la necesidad de castigar a otros por el fracaso propio. Esta tentación, tan humana, se habría visto agudizada, en el caso de los mulsumanes, por cierta herida narcisista padecida a consecuencia de observar la enorme desviación existente entre, de un lado, la creencia en la superioridad de los musulmanes respecto de los infieles y, de otro lado, la inmensa debilidad cultural y el atraso político, económico y social en que se encuentran los países que integran la ummah musulmana.
En ese contexto, afirma, se llega a la conclusión de que "el mundo exterior hostil no tiene otro propósito que el de humillar a los musulmanes árabes. Por consiguiente reaccionan con irritabilidad extrema a cualquier ofensa, supuesta o real. No es ningún secreto lo fácil que es instrumentalizar tales susceptibilidades. Todo colectivo de perdedores es proclive a lo estados de crispación que pueden explotarse políticamente".
Respecto de las causas del atraso, Enzensberger apunta al pobre del capital humano con el que las sociedades musulmanas han tenido que afrontar la modernidad. Cita el caso de la implantación de la imprenta, que se retrasó tres siglos pues fue saboteada por los jurisconsultos islámicos que no admitían la existencia de otros libros junto al Corán. En cualquier caso, sin descartar la concurrencia de otros factores (probablemente todos ellos de tipo endógeno), lo cierto es que "la total dependencia económica, técnica e intelectual de 'Occidente' resulta difícil de soportar para los afectados" que quedan, de ese modo, a la entera disposición de cualquier líder mesiánico que, paradójicamente, no superaría ningún sencillo test de fidelidad o integridad religiosa y cultural.
En ese contexto, afirma, se llega a la conclusión de que "el mundo exterior hostil no tiene otro propósito que el de humillar a los musulmanes árabes. Por consiguiente reaccionan con irritabilidad extrema a cualquier ofensa, supuesta o real. No es ningún secreto lo fácil que es instrumentalizar tales susceptibilidades. Todo colectivo de perdedores es proclive a lo estados de crispación que pueden explotarse políticamente".
Respecto de las causas del atraso, Enzensberger apunta al pobre del capital humano con el que las sociedades musulmanas han tenido que afrontar la modernidad. Cita el caso de la implantación de la imprenta, que se retrasó tres siglos pues fue saboteada por los jurisconsultos islámicos que no admitían la existencia de otros libros junto al Corán. En cualquier caso, sin descartar la concurrencia de otros factores (probablemente todos ellos de tipo endógeno), lo cierto es que "la total dependencia económica, técnica e intelectual de 'Occidente' resulta difícil de soportar para los afectados" que quedan, de ese modo, a la entera disposición de cualquier líder mesiánico que, paradójicamente, no superaría ningún sencillo test de fidelidad o integridad religiosa y cultural.
viernes, agosto 31, 2007
El gen egoísta
Tras una recomendación, he empezado la lectura de El gen egoísta de Richard Dawkins, el típico libro escrito por un científico un poco showman, para gente que, como yo, no está versada en la materia de que se trate.
Desconozco el juicio que pueda merecer a expertos contradictores, pero a mí, por el momento, me parece sugerente. Dos ideas formuladas por su autor a modo de premisas, me resultan especialmente simpáticas.
La primera de estas ideas es el individualismo, aunque creo que Dawkins va algo más allá de lo que este término normalmente denota. Dawkins es neodarwiniano pero, a diferencia de Darwin y otros que siguieron su estela, no considera a la especie como sujeto de la evolución sino al individuo o a algo aun más reducido pero en todo caso, vinculado a la idea de individuo: los genes de cada uno. Lo dice muy cruda y claramente: "la unidad fundamental de selección [...] no es la especie ni el grupo ni siquiera, estrictamente hablando el individuo. Es el gen, la unidad de la herencia".
La segunda idea es el egoísmo, una cualidad supuesta de cada gen,que lo lleva a reproducirse y también de los seres vivos que le sirven de envoltorio. "Cualquier ser que haya evolucionado por selección natural sera egoísta" afirma Dawkins y, sigue, tenderá a comportarse de modo que consiga el mayor bienestar propio a expensas incluso del bienestar de otros individuos de su especie y de otras especies. Los comportamientos altruistas que manifiestarían ciertos individuos de diversas especies no serían, sostiene el etólogo, sino una actitud limitada que en circunstancias especiales fomentan los genes para alcanzar mejor sus objetivos.
¡¡Ahí queda eso!!
Por cierto, comentando el tema, una amiga de ideas bastante distantes a las mías, refutaba la tesis del egoísmo de los genes a partir del caso de los lemmings. A parte de saber que es un roedor y de unos vagos recuerdos vinculados a la idea de su suicidio colectivo, no sabía yo demasiado de este animal. Movido por la curiosidad he podido saber que la historia del suicidio colectivo cuando la especie alcanza la superpoblación no es más que un mito. El tema, por lo visto aquí, aquí y aquí es una invención forjada al parecer a partir de un documental elaborado por ¡Walt Disney! en la década de los cincuenta, en el que los lemmings fueron "suicidados" ante las cámaras, pues tanto la espantada como el salto por el acantilado fueron provocados por los autores del documental rodado incluso fuera del hábitat natural de los malogrados bichos.
Lejos de hipótesis que harían las delicias de los ecologistas neomalthusianos empeñados en suicidar a una buena parte de la población mundial para salvar a la especie, lo cierto es que los lemmings no se suicidan; más bien ocurre que, en la búsqueda de nuevo territorio en el que establecerse y encontrar alimento, siempre corren en una sola dirección con el fin de no dar vueltas y avanzan de frente o en contra de cualquier obstáculo, sea este un río, el mar o un barranco. La perseverancia del bicho por encontrar tierra combinada la fuerza de la corriente, con lo ancho del mar o con la ley de la gravedad hacen lo demás.
Desconozco el juicio que pueda merecer a expertos contradictores, pero a mí, por el momento, me parece sugerente. Dos ideas formuladas por su autor a modo de premisas, me resultan especialmente simpáticas.
La primera de estas ideas es el individualismo, aunque creo que Dawkins va algo más allá de lo que este término normalmente denota. Dawkins es neodarwiniano pero, a diferencia de Darwin y otros que siguieron su estela, no considera a la especie como sujeto de la evolución sino al individuo o a algo aun más reducido pero en todo caso, vinculado a la idea de individuo: los genes de cada uno. Lo dice muy cruda y claramente: "la unidad fundamental de selección [...] no es la especie ni el grupo ni siquiera, estrictamente hablando el individuo. Es el gen, la unidad de la herencia".
La segunda idea es el egoísmo, una cualidad supuesta de cada gen,que lo lleva a reproducirse y también de los seres vivos que le sirven de envoltorio. "Cualquier ser que haya evolucionado por selección natural sera egoísta" afirma Dawkins y, sigue, tenderá a comportarse de modo que consiga el mayor bienestar propio a expensas incluso del bienestar de otros individuos de su especie y de otras especies. Los comportamientos altruistas que manifiestarían ciertos individuos de diversas especies no serían, sostiene el etólogo, sino una actitud limitada que en circunstancias especiales fomentan los genes para alcanzar mejor sus objetivos.
¡¡Ahí queda eso!!
Por cierto, comentando el tema, una amiga de ideas bastante distantes a las mías, refutaba la tesis del egoísmo de los genes a partir del caso de los lemmings. A parte de saber que es un roedor y de unos vagos recuerdos vinculados a la idea de su suicidio colectivo, no sabía yo demasiado de este animal. Movido por la curiosidad he podido saber que la historia del suicidio colectivo cuando la especie alcanza la superpoblación no es más que un mito. El tema, por lo visto aquí, aquí y aquí es una invención forjada al parecer a partir de un documental elaborado por ¡Walt Disney! en la década de los cincuenta, en el que los lemmings fueron "suicidados" ante las cámaras, pues tanto la espantada como el salto por el acantilado fueron provocados por los autores del documental rodado incluso fuera del hábitat natural de los malogrados bichos.
Lejos de hipótesis que harían las delicias de los ecologistas neomalthusianos empeñados en suicidar a una buena parte de la población mundial para salvar a la especie, lo cierto es que los lemmings no se suicidan; más bien ocurre que, en la búsqueda de nuevo territorio en el que establecerse y encontrar alimento, siempre corren en una sola dirección con el fin de no dar vueltas y avanzan de frente o en contra de cualquier obstáculo, sea este un río, el mar o un barranco. La perseverancia del bicho por encontrar tierra combinada la fuerza de la corriente, con lo ancho del mar o con la ley de la gravedad hacen lo demás.
domingo, agosto 26, 2007
Condiciones de la libertad
Ernest Gellner, en Condiciones de la libertad, explicando el fracaso del marxismo y de otras utopías transformadoras a partir de una idea familiar al pensamiento liberal (al menos al de corte empirista o escéptico).
"Parece que la sociedad humana no se presta a la aplicación de proyectos elaborados con antelación por el pensamiento puro. Hay constreñimientos inherentes a la naturaleza del orden social, constreñimientos que deben ser respetados. La estructura social tiene sus propias razones, de las que la mente nada sabe" (p.40).
El libro, escrito en un lenguaje muy fresco, didáctico y asequible, es muy recomendable.
"Parece que la sociedad humana no se presta a la aplicación de proyectos elaborados con antelación por el pensamiento puro. Hay constreñimientos inherentes a la naturaleza del orden social, constreñimientos que deben ser respetados. La estructura social tiene sus propias razones, de las que la mente nada sabe" (p.40).
El libro, escrito en un lenguaje muy fresco, didáctico y asequible, es muy recomendable.
jueves, julio 19, 2007
Víctimas y tribus
Recomiendo la lectura de El hombre desplazado de Tzvetan Todorov y no sólo por el análisis de los regímenes políticos comunistas totalitarios, al que dedica parte del libro.
La parte final es muy interesante. En ella se ponen de manifiesto diversas impresiones del autor en sus visitas a los Estados Unidos: se muestra preocupado, por ejemplo, por el daño que procesos de victimización y de tribalización pueden provocar a los valores sobre los que se asienta la democracia constitucional. Y llama aún más la atención porque alguien que proviene de una de las sociedades más estatalistas en el seno de la victimaria y tribalizada Unión Europea se preocupa por esos fenómenos de aquí cuando está allí.
Todorov detecta riesgos para la autonomía y la individualidad en la deriva victimista que recorre los Estados Unidos, desde las reclamaciones por daños a las elaboraciones más sesudas de sus filósofos, y que llevaría a todos a buscar siempre responsabilidades ajenas para los errores en la propia vida. Este hecho supondría algo así como la demostración de que el ideal heroico (presente en la historia y mítica fundacional de esa nación) se habrían transformado en ideal victimario, con lo que la compasión se habrían convertido en criterio de justicia, bastando, por ejemplo, ser débil para tener razón.
En cuanto a la tribalización supone también una renuncia a la autonomía en la medida en que cada uno se representa a sí mismo como parte de un grupo al que queda alienado. Las cuotas étnicas y los correctivos electorales para garantizar la representación de las minorías, son muestras de ese proceso de tribalización que amenazaría a la regla del anonimato del voto, según la cual todo participante debe tener el mismo peso en la decisión, o lo que es lo mismo, un hombre/un voto o, actualizando al abate Sieyes, que los votos se cuentan por cabezas y no por estamentos, ni tampoco por minorías infra o subrepresentadas.
Un curiosidad: refiere Todorov, ciertas resistencias de los asistentes sociales negros a las adopciones interraciales de niños negros por padres blancos, porque, entre otros motivos, contribuyen a cierto "genocidio cultural". Siguiendo esa lógica, afirma, quizás hubiese que prohibir también matrimonios interraciales o reclamar la segregación en el transporte público o en la escuela.
La parte final es muy interesante. En ella se ponen de manifiesto diversas impresiones del autor en sus visitas a los Estados Unidos: se muestra preocupado, por ejemplo, por el daño que procesos de victimización y de tribalización pueden provocar a los valores sobre los que se asienta la democracia constitucional. Y llama aún más la atención porque alguien que proviene de una de las sociedades más estatalistas en el seno de la victimaria y tribalizada Unión Europea se preocupa por esos fenómenos de aquí cuando está allí.
Todorov detecta riesgos para la autonomía y la individualidad en la deriva victimista que recorre los Estados Unidos, desde las reclamaciones por daños a las elaboraciones más sesudas de sus filósofos, y que llevaría a todos a buscar siempre responsabilidades ajenas para los errores en la propia vida. Este hecho supondría algo así como la demostración de que el ideal heroico (presente en la historia y mítica fundacional de esa nación) se habrían transformado en ideal victimario, con lo que la compasión se habrían convertido en criterio de justicia, bastando, por ejemplo, ser débil para tener razón.
En cuanto a la tribalización supone también una renuncia a la autonomía en la medida en que cada uno se representa a sí mismo como parte de un grupo al que queda alienado. Las cuotas étnicas y los correctivos electorales para garantizar la representación de las minorías, son muestras de ese proceso de tribalización que amenazaría a la regla del anonimato del voto, según la cual todo participante debe tener el mismo peso en la decisión, o lo que es lo mismo, un hombre/un voto o, actualizando al abate Sieyes, que los votos se cuentan por cabezas y no por estamentos, ni tampoco por minorías infra o subrepresentadas.
Un curiosidad: refiere Todorov, ciertas resistencias de los asistentes sociales negros a las adopciones interraciales de niños negros por padres blancos, porque, entre otros motivos, contribuyen a cierto "genocidio cultural". Siguiendo esa lógica, afirma, quizás hubiese que prohibir también matrimonios interraciales o reclamar la segregación en el transporte público o en la escuela.
viernes, junio 22, 2007
Los intelectuales y el poder
Son muchos los ejemplos que demuestran la vinculación de intelectuales y de quienes, con mayor o menor mérito, participan de eso a lo que se llama "mundo de la cultura" con diversas ideologías antiliberales y antidemocráticas y también con regímenes y movimientos políticos manifiestamente autoritarios, cuando no directamente genocidas. La fascinación de la intelectualidad europea, durante décadas, por los regímenes totalitarios comunistas o, a escala nacional, la comprensión, cuando no proximidad, de gran número de intelectuales patrios el nacionalismo vasco o catalán, incluso si cuando se han manifestado de modo violento, son buenos ejemplos.
Los motivos de esta vinculación siempre me han interesado y en algún post anterior y había abordado este asunto.
En una lectura reciente (T. Todorov, El hombre desplazado) he encontrado una triple explicación a este misterio.
Todorov, que nació y vivió en la Bulgaria comunista antes de migrar a Francia, plantea así el problema: "El enigma es el siguiente: mientras que los países europeos llevan casi doscientos años comprometidos con el ideal democrático, ideal apoyado por la gran parte de sus pueblos, los intelectuales, que constituyen en principio el sector más lúcido, han optado más bien por la defensa de regímenes violentos y tiránicos. Si el voto estuviese reservado únicamente a los intelectuales, viviríamos hoy bajo regímenes totalitarios, ¡y ya ni siquiera votaríamos!.
En cuanto a las explicaciones Todorov apunta tres:
1. La primera, inspirada en Orwell, parte de un dato: el intelectual cree ser más inteligente que la media. Sin embargo, los regímenes democráticos son poco propicios para registrar esa superioridad intelectual, pues exigen que todos participen por igual en las decisiones colectivas. Convencidos de su mayor derecho a mandar, y visto que la democracia no asegura una posición de privilegio o que el mercado libre no garantiza que todos "consuman" sus obras, el intelectual se pone al servicio de un poder aristocrático, esto es, no democrático del que aspira a ser consejero a cambio de sustanciosas prebendas.
2. La segunda convierte al intelectual en víctima de su función crítica: efectivamente muchos intelectuales se ven a sí mismos como faros de la Razón, lo que les obliga a ser siempre críticos con el statu quo. Cuando viven en un régimen liberal-democrático siguen ejerciendo esa labor crítica y, en ocaciones, no dudan en utilizar ideologías antiliberales y antidemocráticas como arrietes para criticar lo establecido.
3. La tercera explicación sostiene que los intelectuales están más guiados por lo bello que por lo justo o lo conveniente; no dudan en sacrificar el rigor teórico o la prudencia política o en despreciar los hechos en aras de la espectacularidad o el ingenio de sus conclusiones. Se pirran por épater l' audiance y para hacerlo, recurren a artificios mentales y a ideologías totalizantes mediante las que seducirán a su público. Por los mismos motivos, desprecian las consecuencias reales de esas imágenes, aunque los efectos de aquello que defienden colmen las fosas comunes o se tuesten en hornos crematorios.
Sólo tres comentarios para terminar, formulados en orden inverso a la presentación de las explicaciones.
A la tercera, un comentario del propio Todorov: "¡cuántos yerros se evitarían (¡y cuántas toneladas de papel!) si aceptasen (los intelectuales) el camino inverso y adoptar una postural sólo cuando se hallasen dispuestos a asumir las consecuencias en el ámbito de sus propias vidas". Efectivamente, a las feministas podríamos proponerles una larga estancia en el extranjero, pero no en Nueva York o Londres (que tanto dicen detestar, pero que tanto visitan) sino en Irán o en Sudán y a pié de calle. Los antisistema por su parte podrían conocer las excelencias de los "campos de trabajo" de Corea del Norte.
A la segunda sólo una apostilla: la función crítica de los intelectuales explicaría por qué abrazan las dictaduras para criticar a las democracias en las que viven, pero no por qué siguen abrazados a los regímenes autoritarios cuando estos se convierten en el statu quo que se suponen habrán de denostar.
La primera, la que sugiere que la vinculación entre los intelectuales y el poder obedece al afán de dominio de aquellos, me recordó un pasaje de la novela Baudolino, de Umberto Eco, en el que Baudolino convence al Emperador de que reconozca autonomía a los doctores en derecho de Bolonia pues eso lejos de minorar o amenazar su poder, sólo podrá acrecentarlo. La escena es la siguiente:
"- (...) tú podrías hacer una ley en la que reconoces que los maestros de Bolonia son verdaderamente independientes de cualquier otra potestad, tanto la tuya como la del papa y de cualquier otro soberano, y están sólo al servicio de la Ley. Una vez que se les ha conferido esta dignidad, única en el mundo, ellos afirman que, según la recta razón, el juicio natural y la tradición, la única ley es la romana y el único que la representa es el sacro romano emperador; y que, como tan bien ha dicho el señor Reinaldo, quod principi placuit legis habet vigorem.
- ¿Y por qué deberían decirlo?
- Porque tú les las a cambio el derecho de poderlo decir."
Los motivos de esta vinculación siempre me han interesado y en algún post anterior y había abordado este asunto.
En una lectura reciente (T. Todorov, El hombre desplazado) he encontrado una triple explicación a este misterio.
Todorov, que nació y vivió en la Bulgaria comunista antes de migrar a Francia, plantea así el problema: "El enigma es el siguiente: mientras que los países europeos llevan casi doscientos años comprometidos con el ideal democrático, ideal apoyado por la gran parte de sus pueblos, los intelectuales, que constituyen en principio el sector más lúcido, han optado más bien por la defensa de regímenes violentos y tiránicos. Si el voto estuviese reservado únicamente a los intelectuales, viviríamos hoy bajo regímenes totalitarios, ¡y ya ni siquiera votaríamos!.
En cuanto a las explicaciones Todorov apunta tres:
1. La primera, inspirada en Orwell, parte de un dato: el intelectual cree ser más inteligente que la media. Sin embargo, los regímenes democráticos son poco propicios para registrar esa superioridad intelectual, pues exigen que todos participen por igual en las decisiones colectivas. Convencidos de su mayor derecho a mandar, y visto que la democracia no asegura una posición de privilegio o que el mercado libre no garantiza que todos "consuman" sus obras, el intelectual se pone al servicio de un poder aristocrático, esto es, no democrático del que aspira a ser consejero a cambio de sustanciosas prebendas.
2. La segunda convierte al intelectual en víctima de su función crítica: efectivamente muchos intelectuales se ven a sí mismos como faros de la Razón, lo que les obliga a ser siempre críticos con el statu quo. Cuando viven en un régimen liberal-democrático siguen ejerciendo esa labor crítica y, en ocaciones, no dudan en utilizar ideologías antiliberales y antidemocráticas como arrietes para criticar lo establecido.
3. La tercera explicación sostiene que los intelectuales están más guiados por lo bello que por lo justo o lo conveniente; no dudan en sacrificar el rigor teórico o la prudencia política o en despreciar los hechos en aras de la espectacularidad o el ingenio de sus conclusiones. Se pirran por épater l' audiance y para hacerlo, recurren a artificios mentales y a ideologías totalizantes mediante las que seducirán a su público. Por los mismos motivos, desprecian las consecuencias reales de esas imágenes, aunque los efectos de aquello que defienden colmen las fosas comunes o se tuesten en hornos crematorios.
Sólo tres comentarios para terminar, formulados en orden inverso a la presentación de las explicaciones.
A la tercera, un comentario del propio Todorov: "¡cuántos yerros se evitarían (¡y cuántas toneladas de papel!) si aceptasen (los intelectuales) el camino inverso y adoptar una postural sólo cuando se hallasen dispuestos a asumir las consecuencias en el ámbito de sus propias vidas". Efectivamente, a las feministas podríamos proponerles una larga estancia en el extranjero, pero no en Nueva York o Londres (que tanto dicen detestar, pero que tanto visitan) sino en Irán o en Sudán y a pié de calle. Los antisistema por su parte podrían conocer las excelencias de los "campos de trabajo" de Corea del Norte.
A la segunda sólo una apostilla: la función crítica de los intelectuales explicaría por qué abrazan las dictaduras para criticar a las democracias en las que viven, pero no por qué siguen abrazados a los regímenes autoritarios cuando estos se convierten en el statu quo que se suponen habrán de denostar.
La primera, la que sugiere que la vinculación entre los intelectuales y el poder obedece al afán de dominio de aquellos, me recordó un pasaje de la novela Baudolino, de Umberto Eco, en el que Baudolino convence al Emperador de que reconozca autonomía a los doctores en derecho de Bolonia pues eso lejos de minorar o amenazar su poder, sólo podrá acrecentarlo. La escena es la siguiente:
"- (...) tú podrías hacer una ley en la que reconoces que los maestros de Bolonia son verdaderamente independientes de cualquier otra potestad, tanto la tuya como la del papa y de cualquier otro soberano, y están sólo al servicio de la Ley. Una vez que se les ha conferido esta dignidad, única en el mundo, ellos afirman que, según la recta razón, el juicio natural y la tradición, la única ley es la romana y el único que la representa es el sacro romano emperador; y que, como tan bien ha dicho el señor Reinaldo, quod principi placuit legis habet vigorem.
- ¿Y por qué deberían decirlo?
- Porque tú les las a cambio el derecho de poderlo decir."
domingo, mayo 27, 2007
¡Ni batirse en retirada, mejor nos suicidamos!
Unas palabras de uno de esos ensayos que nunca me cansaré de recomendar, "Dos conceptos de libertad" de Isaiah Berlin. Berlin alude en ellas a la autonegación ascética, un tipo de doctrina que nos enseña a no desear lo que es difícil tener o a vencer a fuerza de no querer ganar o incluso de querer perder.
"La autonegación ascética puede ser una fuente de integridad, serenidad o fuerza espiritual, pero resulta difícil entender que se la califique de aumento de la libertad. Si me zafo de mi adversario refugiándome en casa y cerrando puertas y ventanas, puede que sea más libre que si me hubiera capturado; pero, ¿soy más libre que si le hubira vencido o le hubiera capturado yo a él? Si esto se lleva demasiado lejos, acaba uno por replegarse en un espacio tan estrecho que sobreviene la muerte por asfixia. La culminación lógica del proceso de destrucción de todo aquello a través de lo cual se me podría lastimar es el suicidio. Mientras viva en el mundo natural, nunca estaré seguro. La liberación total, en este sentido (como muy bien se dio cuenta Schopenhauer) sólo puede darse con la muerte".
Las dedico a los partidarios de las claudicaciones, los apaciguamientos y las rendiciones preventivas y poco honrosas, a la hora de enfrentar problemas como el terrorismo.
"La autonegación ascética puede ser una fuente de integridad, serenidad o fuerza espiritual, pero resulta difícil entender que se la califique de aumento de la libertad. Si me zafo de mi adversario refugiándome en casa y cerrando puertas y ventanas, puede que sea más libre que si me hubiera capturado; pero, ¿soy más libre que si le hubira vencido o le hubiera capturado yo a él? Si esto se lleva demasiado lejos, acaba uno por replegarse en un espacio tan estrecho que sobreviene la muerte por asfixia. La culminación lógica del proceso de destrucción de todo aquello a través de lo cual se me podría lastimar es el suicidio. Mientras viva en el mundo natural, nunca estaré seguro. La liberación total, en este sentido (como muy bien se dio cuenta Schopenhauer) sólo puede darse con la muerte".
Las dedico a los partidarios de las claudicaciones, los apaciguamientos y las rendiciones preventivas y poco honrosas, a la hora de enfrentar problemas como el terrorismo.
miércoles, abril 18, 2007
Un mundo mejor, sí, pero que lo hagan otros...
Una de las muchas preguntas a las que busco respuesta es la referida a los motivos por los que tanta gente siente auténtica admiración, cuando no devoción, por ideologías como el comunismo, y si dicha adhesión se produce por desconocimiento de la carga totalitaria que acompaña a esa ideología o precisamente por íntima, aunque inconfesable, simpatía hacia modelos de gobierno absorbentes y autoritarios.
En algunas recientes lecturas he encontrado algunas respuestas a ese problema:
Stéphane Courtois, en la Introducción a El Libro Negro del Comunismo, cita a Tzvetan Todorov en su libro El hombre desplazado, quien a su vez encuentra dos explicaciones al éxito de las propuestas políticas comunistas y totalitarias: de una lado, la aspiración de todo individuo a construir una sociedad mejor o a transformar el mundo en nombre de un ideal; el carácter transformador y supuestamente benefactor del comunismo casaría bien con ese anhelo universal de justicia. El segundo motivo sería el esfuerzo con que todo individuo carga con el peso de la responsabilidad sobre su propia vida, peso del que se vería liberado en una sociedad comunista gobernada por otros que se encargarían de proveer las necesidades de todos.
Karl Popper en La sociedad abierta y sus enemigos ofrece una explicación similar refiriéndose al historicismo, aunque el argumento es válido para cualquier forma de totalitarismo conocida o para las más actuales propuestas comunitaristas. Afirma Popper que esas filosofías han atraído a tantos hombres a causa de la insatisfacción que en ellos produce un mundo que no se asemeja, ni remotamente, a sus ideales morales ni a sus sueños de perfección. De otro lado, la revuelta contra las sociedades liberales e individualistas, liberaría a los sujetos del peso de la civilización y de su responsabilidad personal.
Son muchos los retos intelectuales que plantean ambas explicaciones. Es curioso, por ejemplo, comprobar el modo en que tantos sueños de perfección han acabado convertidos en horribles pesadillas sin que, sin embargo, nadie o casi nadie haya querido siquiera abrir los ojos. De otro lado, es llamativo también que el anhelo de tantos por una sociedad mejor se satisfaga abrazando una ideología probadamente genocida o entregándose en cuerpo y alma a un líder totalitario, mucho más parecido a un pastor que a un gobernante mínimamente responsable de sus actos ante aquellos cuyos asuntos públicos gestiona. Aunque esta circunstancia se explicaría fácilmente por los motivos antes expresados: quien es incapaz de responsabilizarse de su propia vida, difícilmente podrá responsabilizarse de la mejora de la sociedad; no extraña, por tanto, que se ponga en manos del primero que le promete que ya se encarga él y que mire hacia otro lado para no ver los horrores cometidos en esa empresa y de los que, le guste o no, por su dejación él es responsable.
En algunas recientes lecturas he encontrado algunas respuestas a ese problema:
Stéphane Courtois, en la Introducción a El Libro Negro del Comunismo, cita a Tzvetan Todorov en su libro El hombre desplazado, quien a su vez encuentra dos explicaciones al éxito de las propuestas políticas comunistas y totalitarias: de una lado, la aspiración de todo individuo a construir una sociedad mejor o a transformar el mundo en nombre de un ideal; el carácter transformador y supuestamente benefactor del comunismo casaría bien con ese anhelo universal de justicia. El segundo motivo sería el esfuerzo con que todo individuo carga con el peso de la responsabilidad sobre su propia vida, peso del que se vería liberado en una sociedad comunista gobernada por otros que se encargarían de proveer las necesidades de todos.
Karl Popper en La sociedad abierta y sus enemigos ofrece una explicación similar refiriéndose al historicismo, aunque el argumento es válido para cualquier forma de totalitarismo conocida o para las más actuales propuestas comunitaristas. Afirma Popper que esas filosofías han atraído a tantos hombres a causa de la insatisfacción que en ellos produce un mundo que no se asemeja, ni remotamente, a sus ideales morales ni a sus sueños de perfección. De otro lado, la revuelta contra las sociedades liberales e individualistas, liberaría a los sujetos del peso de la civilización y de su responsabilidad personal.
Son muchos los retos intelectuales que plantean ambas explicaciones. Es curioso, por ejemplo, comprobar el modo en que tantos sueños de perfección han acabado convertidos en horribles pesadillas sin que, sin embargo, nadie o casi nadie haya querido siquiera abrir los ojos. De otro lado, es llamativo también que el anhelo de tantos por una sociedad mejor se satisfaga abrazando una ideología probadamente genocida o entregándose en cuerpo y alma a un líder totalitario, mucho más parecido a un pastor que a un gobernante mínimamente responsable de sus actos ante aquellos cuyos asuntos públicos gestiona. Aunque esta circunstancia se explicaría fácilmente por los motivos antes expresados: quien es incapaz de responsabilizarse de su propia vida, difícilmente podrá responsabilizarse de la mejora de la sociedad; no extraña, por tanto, que se ponga en manos del primero que le promete que ya se encarga él y que mire hacia otro lado para no ver los horrores cometidos en esa empresa y de los que, le guste o no, por su dejación él es responsable.
miércoles, noviembre 01, 2006
Terrorismo, educación y pobreza
Esta mañana leía, en el libro Occidente contra Occidente de André Glucksmann, lo siguiente a propósito de la extendida opinión que adjudica a la pobreza las causas del terrorismo:
"...la alegación es insultante, pues ni todos los pobres son terroristas ni están a punto de serlo. Omar Sheik, verdugo del periodista Daniel Pearl, ¿no había salido de las mejores escuelas londinenses, lo que no le impidió despedazar literalmente a su víctima? Los asesinos-pilotos del 11 de septiembre eran hijos de buena familia. Los asesinos del GIA descubrieron gran parte de su vocación en los institutos de Argel... Lo, siento, pero las tropas de asesinos se reclutan más bien entre los pudientes y los cultos."
No voy a recordar a uno de los principales sostenedores de la insultante alegación (Es poco realista esperar alcanzar la paz y la estabilidad en un mar de injusticia universal). Los contraejemplos a esa tesis, además de los referidos por Glucksmann, podrían multiplicarse.
Sin embargo, me inquieta la doble referencia en el texto a instituciones educativas. ¿Tendrá alguna relación el hecho de que gran número de terroristas tengan una sólida formación, incluso universitaria, con el hecho de que un número importante de profesores se dedique a fomentar el odio a Occidente y a justificar a todos los que lo odian y agreden? ¿Tendrá algo que ver el hecho de que, por ejemplo, en las ciencias sociales, por acotar, los profesores sean, en su mayoría, liberals en las universidades americanas y manifiestamente izquierdosos en las europeas? Y puestos a no acotar, los comentarios cargados de odio hacia Occidente, hacia España o hacia los EEUU que sistemáticamente profieren periodistas, actores, intelectuales, cómicos y demás personajes vinculados a la izquierda política, y que copan horas de programación televisiva ¿no serán en algún sentido, ellos, los comentarios y sus autores, y no la pobreza ni ninguna supuesta opresión, una de las muchas causas del terrorismo?
"...la alegación es insultante, pues ni todos los pobres son terroristas ni están a punto de serlo. Omar Sheik, verdugo del periodista Daniel Pearl, ¿no había salido de las mejores escuelas londinenses, lo que no le impidió despedazar literalmente a su víctima? Los asesinos-pilotos del 11 de septiembre eran hijos de buena familia. Los asesinos del GIA descubrieron gran parte de su vocación en los institutos de Argel... Lo, siento, pero las tropas de asesinos se reclutan más bien entre los pudientes y los cultos."
No voy a recordar a uno de los principales sostenedores de la insultante alegación (Es poco realista esperar alcanzar la paz y la estabilidad en un mar de injusticia universal). Los contraejemplos a esa tesis, además de los referidos por Glucksmann, podrían multiplicarse.
Sin embargo, me inquieta la doble referencia en el texto a instituciones educativas. ¿Tendrá alguna relación el hecho de que gran número de terroristas tengan una sólida formación, incluso universitaria, con el hecho de que un número importante de profesores se dedique a fomentar el odio a Occidente y a justificar a todos los que lo odian y agreden? ¿Tendrá algo que ver el hecho de que, por ejemplo, en las ciencias sociales, por acotar, los profesores sean, en su mayoría, liberals en las universidades americanas y manifiestamente izquierdosos en las europeas? Y puestos a no acotar, los comentarios cargados de odio hacia Occidente, hacia España o hacia los EEUU que sistemáticamente profieren periodistas, actores, intelectuales, cómicos y demás personajes vinculados a la izquierda política, y que copan horas de programación televisiva ¿no serán en algún sentido, ellos, los comentarios y sus autores, y no la pobreza ni ninguna supuesta opresión, una de las muchas causas del terrorismo?
Dos citas sobre la paz
Recientemente he encontrado dos citas sobre la paz que se salen de los tópicos y usos dominantes al respecto.
La primera de T.S.Eliot, en su obra, Asesinato en la catedral, en la que uno de los personajes se pregunta:
¿Qué paz es posible entre el yunque y el martillo?
La segunda es de Carl von Clausewitz, quizás el mayor teórico de la guerra, que afirmó:
Un conquistador es siempre amigo de la paz..., querría hacer su entrada en nuestro Estado sin oposición
(La cita de Clausewitz la tomo del libro Occidente contra Occidente de André Glucksmann, que, por cierto, es muy recomendable.
La primera de T.S.Eliot, en su obra, Asesinato en la catedral, en la que uno de los personajes se pregunta:
¿Qué paz es posible entre el yunque y el martillo?
La segunda es de Carl von Clausewitz, quizás el mayor teórico de la guerra, que afirmó:
Un conquistador es siempre amigo de la paz..., querría hacer su entrada en nuestro Estado sin oposición
(La cita de Clausewitz la tomo del libro Occidente contra Occidente de André Glucksmann, que, por cierto, es muy recomendable.
miércoles, octubre 18, 2006
Líneas rectas, líneas curvas y dogmas éticos
Es muy interesante comprobar como existe entre los seres humanos cierta disposición innata a preferir el orden y la regularidad al caos y la incertidumbre.
Esta disposición se manifestaría especialmente a la hora de percibir figuras simples, regulares, simétricas o líneas continuas allí donde podrían percibirse figuras complejas, irregulares, deformadas o líneas rotas.

Al margen de aplicaciones en el diseño gráfico o en publicidad, esta disposición, conocida como pregnancia, parece manifestarse también en experiencias cognitivas superiores, como por ejemplo, los discursos ético y político.
Existiría, desde ese punto de vista, cierta disposición a acoger de mejor grado un discurso que nos presente al mundo o a la sociedad como algo ordenado, causado, sujeto a reglas firmes y determinado que como algo incierto, poco constante y regido por leyes inestables, derrotables y cargadas de excepciones.
Esto explicaría el porqué de la fascinación por los discursos éticos y políticos axiomatizados, esto es, por la secular pretensión de construir una ética more geometrico demostranda.
Esa misma predisposición a preferir un mundo ordenado y regular, nos lleva a preferir los discursos políticos apodícticos y plagados de dogmas y afirmaciones incontestables a aquellos matizados, relativos, cargados de excepciones o reglas de corto alcance.
S. Ergel (encontré la referencia en el libro Biología del comportamiento humano de I. Eibl-Eibesfeldt, p.62 y ss.) ha estudiado diversos discursos y programas políticos clasificándolos en función de su Coeficiente de Dogmatismo, esto es, en función de su disposición al uso de expresiones como “todos, siempre, totalmente, únicamente, sólo, tener que, deber de, imposible, determinante…” en lugar de otras como “algunos, unos pocos, de vez en cuando, posiblemente, entre otras cosas, en función de las circunstancias, está permitido, no tener que…” y así hasta unas 400 expresiones.
El resultado de aplicar el índice a programas políticos arroja resultados curiosos. El grado de dogmatismo de los discursos (¡¡y por tanto su capacidad para generar entre nosotros algún tipo de atracción innata!!) es, de mayor a menor, más o menos (traduciendo el espectro político alemán al que iba referido el estudio) el siguiente: comunistas, nacionalsocialistas, nacionalistas, socialdemócratas, liberales y demócrata-cristianos.
Las conclusiones que las saque cada cual.
Yo extraigo sólo una: quizás el estudio nos resulte sugerente por las mismas razones que lo motivaron, es decir, por nuestra disposición a ordenar y a colocar a cada uno en su sitio.
Recordaba también unas palabras de Isaiah Berlin en su ensayo La persecución de un ideal. Es sabido que una de sus más importantes tesis éticas nos dice que la moral estaría formada, no por un principio supremo a partir del que sería posible siempre obtener una única respuesta correcta para todas nuestras inquietudes morales, sino por diversos valores o bienes inconmensurables entre sí y que constantemente nos ponen ante la necesidad de privilegiar a alguno de ellos y desplazar a los demás. De ahí se seguía una invitación a la prudencia a la hora de formular nuestros juicios éticos y una disposición al compromiso a la hora de coordinarnos políticamente con los demás. Es evidente que Berlin, de algún modo, nos invita a preferir la figura distorsionada e irregular a la nítida y perfecta. Parecía incluso intuir que es difícil vencer esa preferencia cuando añadía que “esto puede parecer una situación bastante insulsa, no es el tipo de propuesta por la que el joven idealista estaría dispuesto, en caso necesario, a luchar y sufrir en pro de una sociedad más justa y más noble”.
Actualiación nº1.- He incluído la imagen que me parece bastante expresiva de la idea inicial de este post.
Esta disposición se manifestaría especialmente a la hora de percibir figuras simples, regulares, simétricas o líneas continuas allí donde podrían percibirse figuras complejas, irregulares, deformadas o líneas rotas.

Al margen de aplicaciones en el diseño gráfico o en publicidad, esta disposición, conocida como pregnancia, parece manifestarse también en experiencias cognitivas superiores, como por ejemplo, los discursos ético y político.
Existiría, desde ese punto de vista, cierta disposición a acoger de mejor grado un discurso que nos presente al mundo o a la sociedad como algo ordenado, causado, sujeto a reglas firmes y determinado que como algo incierto, poco constante y regido por leyes inestables, derrotables y cargadas de excepciones.
Esto explicaría el porqué de la fascinación por los discursos éticos y políticos axiomatizados, esto es, por la secular pretensión de construir una ética more geometrico demostranda.
Esa misma predisposición a preferir un mundo ordenado y regular, nos lleva a preferir los discursos políticos apodícticos y plagados de dogmas y afirmaciones incontestables a aquellos matizados, relativos, cargados de excepciones o reglas de corto alcance.
S. Ergel (encontré la referencia en el libro Biología del comportamiento humano de I. Eibl-Eibesfeldt, p.62 y ss.) ha estudiado diversos discursos y programas políticos clasificándolos en función de su Coeficiente de Dogmatismo, esto es, en función de su disposición al uso de expresiones como “todos, siempre, totalmente, únicamente, sólo, tener que, deber de, imposible, determinante…” en lugar de otras como “algunos, unos pocos, de vez en cuando, posiblemente, entre otras cosas, en función de las circunstancias, está permitido, no tener que…” y así hasta unas 400 expresiones.
El resultado de aplicar el índice a programas políticos arroja resultados curiosos. El grado de dogmatismo de los discursos (¡¡y por tanto su capacidad para generar entre nosotros algún tipo de atracción innata!!) es, de mayor a menor, más o menos (traduciendo el espectro político alemán al que iba referido el estudio) el siguiente: comunistas, nacionalsocialistas, nacionalistas, socialdemócratas, liberales y demócrata-cristianos.
Las conclusiones que las saque cada cual.
Yo extraigo sólo una: quizás el estudio nos resulte sugerente por las mismas razones que lo motivaron, es decir, por nuestra disposición a ordenar y a colocar a cada uno en su sitio.
Recordaba también unas palabras de Isaiah Berlin en su ensayo La persecución de un ideal. Es sabido que una de sus más importantes tesis éticas nos dice que la moral estaría formada, no por un principio supremo a partir del que sería posible siempre obtener una única respuesta correcta para todas nuestras inquietudes morales, sino por diversos valores o bienes inconmensurables entre sí y que constantemente nos ponen ante la necesidad de privilegiar a alguno de ellos y desplazar a los demás. De ahí se seguía una invitación a la prudencia a la hora de formular nuestros juicios éticos y una disposición al compromiso a la hora de coordinarnos políticamente con los demás. Es evidente que Berlin, de algún modo, nos invita a preferir la figura distorsionada e irregular a la nítida y perfecta. Parecía incluso intuir que es difícil vencer esa preferencia cuando añadía que “esto puede parecer una situación bastante insulsa, no es el tipo de propuesta por la que el joven idealista estaría dispuesto, en caso necesario, a luchar y sufrir en pro de una sociedad más justa y más noble”.
Actualiación nº1.- He incluído la imagen que me parece bastante expresiva de la idea inicial de este post.
martes, octubre 17, 2006
Falacias garantistas
Acaba de publicarse “Garantismo. Una discusión sobre el derecho y la democracia” de Luigi Ferrajoli, quien desde hace unos años es el autor de referencia entre los juristas de izquierdas de Italia, de España y también de muchos países latinoamericamos.
En esa obrita, Ferrajoli reitera muchas de sus más conocidas tesis. A algunas de ellas, ya me había referido aquí y aquí.
Incidiré de nuevo en la segunda, pero no para poner de manifiesto los aspectos sustantivos de la propuesta, sino para desenmascar el tipo de discurso, escasamente riguroso y más bien dado a la marrullería, con el que se pretende demostrar la procedencia y la bondad del establecimiento de una una renta básica para todos.
Advierte Ferrajoli, por ejemplo, que la renta básica aseguraría el mínimo vital en una época en la que “se ha roto de manera quizás irreversible el nexo entre supervivencia y trabajo”. No debemos de dejar pasar el hecho de que lo que se rompe un día estuvo entero; luego hay que concluir que el nexo entre trabajo y supervivencia estuvo un día compuesto y firme. Hay que seguir concluyendo que en otro tiempo, en estos países que hoy habitamos, el trabajo garantizaba holgadamente la supervivencia. Al parecer hubo un tiempo en el que la Tierra era un bucólico vergel en el que “los trabajadores vegetaban en una existencia relativamente confortable, llevando una vida limpia y pacífica”, en la que los hombres “no necesitaban trabajar en exceso. No hacían más de lo que habían decidido hacer y, sin embargo, ganaban lo necesario. Disponían de tiempo libre para el saludable trabajo en su jardín o su huerto (…) y podían participar en los juegos y diversiones de sus vecinos” (el entrecomillado es de Engels y lo tomo del libro El capitalismo y los historiadores, de Hayek y otros, págs.40-41)
Todo esa abundancia y dicha debieron de quedar destruidas por el atroz industrialismo.
En cuanto al componente fraternal de estos modelos de sociedad, que llevaba a los vecinos a jugar juntos al cricket sin considerar factores como su estamento, su casta ni ninguna otra circunstancia política o social indicativa de algún género de servidumbre, debió de ser barrido por las revoluciones liberales y democráticas de los siglos XVIII y XIX que, como es sabido, elevaron las cotas de la sumisión y la esclavitud a cotas desconocidas hasta ese momento en la historia.
No creo que todas las estadísticas habidas y por haber referidas a aumento de la esperanza de vida, precio de los productos alimenticios básicos, a la cantidad de calorías o los gramos diarios de proteínas ingeridas etcétera sean suficientes para desterrar el mito histórico de que cualquier tiempo preindustrial o cualquier mundo alternatindustrial es mejor, así que prescindiré de intentarlo.
Sigue afirmando nuestro benéfico jurista que el establecimiento de una renta básica no lastraría de ningún modo la capacidad de los países pobres para desarrollarse, Antes al contrario nos informa de que “el desarrollo económico en los países ricos no habría sido posible si no se hubiera logrado la garantía de los mínimos vitales”. ¡Y yo que pensaba que era al revés! ¡Que el desarrollo económico había posibilitado la garantía de los mínimos vitales y no al contrario! Yo creía que es el crecimiento económico lo que ha hecho posible que nuestras necesidades estén satisfechas. Pero parece ser que no y que para lograr la satisfacción de las necesidades no necesitamos producir carne o leche, sino simplemente una constitución que diga que tenemos derecho a comer carne y a beber leche. Entonces, las vacas, sabedoras del irresistible poder vinculante de la constitución, se ordeñanarán y despiezarán solas e incluso, si contamos con una buena corte de jueces y juristas garantistas y progresistas que velen por la pureza del texto constitucional, es posible que incluso nos sirvan la mesa (las vacas, que los juristas no están para tales menesteres).
Quizás si nuestro avezado jurista tuviese ocasión de llevar a la práctica sus recetas tuviéramos la ocasión de comprobar que las cosas no son como él imagina. Quizás, si la población de un país pusiera su destino en sus manos y le permitiese ensayar su doctrina político-constitucional, él mismo se desengañaría. ¿Quizás o quizás no?
En esa obrita, Ferrajoli reitera muchas de sus más conocidas tesis. A algunas de ellas, ya me había referido aquí y aquí.
Incidiré de nuevo en la segunda, pero no para poner de manifiesto los aspectos sustantivos de la propuesta, sino para desenmascar el tipo de discurso, escasamente riguroso y más bien dado a la marrullería, con el que se pretende demostrar la procedencia y la bondad del establecimiento de una una renta básica para todos.
Advierte Ferrajoli, por ejemplo, que la renta básica aseguraría el mínimo vital en una época en la que “se ha roto de manera quizás irreversible el nexo entre supervivencia y trabajo”. No debemos de dejar pasar el hecho de que lo que se rompe un día estuvo entero; luego hay que concluir que el nexo entre trabajo y supervivencia estuvo un día compuesto y firme. Hay que seguir concluyendo que en otro tiempo, en estos países que hoy habitamos, el trabajo garantizaba holgadamente la supervivencia. Al parecer hubo un tiempo en el que la Tierra era un bucólico vergel en el que “los trabajadores vegetaban en una existencia relativamente confortable, llevando una vida limpia y pacífica”, en la que los hombres “no necesitaban trabajar en exceso. No hacían más de lo que habían decidido hacer y, sin embargo, ganaban lo necesario. Disponían de tiempo libre para el saludable trabajo en su jardín o su huerto (…) y podían participar en los juegos y diversiones de sus vecinos” (el entrecomillado es de Engels y lo tomo del libro El capitalismo y los historiadores, de Hayek y otros, págs.40-41)
Todo esa abundancia y dicha debieron de quedar destruidas por el atroz industrialismo.
En cuanto al componente fraternal de estos modelos de sociedad, que llevaba a los vecinos a jugar juntos al cricket sin considerar factores como su estamento, su casta ni ninguna otra circunstancia política o social indicativa de algún género de servidumbre, debió de ser barrido por las revoluciones liberales y democráticas de los siglos XVIII y XIX que, como es sabido, elevaron las cotas de la sumisión y la esclavitud a cotas desconocidas hasta ese momento en la historia.
No creo que todas las estadísticas habidas y por haber referidas a aumento de la esperanza de vida, precio de los productos alimenticios básicos, a la cantidad de calorías o los gramos diarios de proteínas ingeridas etcétera sean suficientes para desterrar el mito histórico de que cualquier tiempo preindustrial o cualquier mundo alternatindustrial es mejor, así que prescindiré de intentarlo.
Sigue afirmando nuestro benéfico jurista que el establecimiento de una renta básica no lastraría de ningún modo la capacidad de los países pobres para desarrollarse, Antes al contrario nos informa de que “el desarrollo económico en los países ricos no habría sido posible si no se hubiera logrado la garantía de los mínimos vitales”. ¡Y yo que pensaba que era al revés! ¡Que el desarrollo económico había posibilitado la garantía de los mínimos vitales y no al contrario! Yo creía que es el crecimiento económico lo que ha hecho posible que nuestras necesidades estén satisfechas. Pero parece ser que no y que para lograr la satisfacción de las necesidades no necesitamos producir carne o leche, sino simplemente una constitución que diga que tenemos derecho a comer carne y a beber leche. Entonces, las vacas, sabedoras del irresistible poder vinculante de la constitución, se ordeñanarán y despiezarán solas e incluso, si contamos con una buena corte de jueces y juristas garantistas y progresistas que velen por la pureza del texto constitucional, es posible que incluso nos sirvan la mesa (las vacas, que los juristas no están para tales menesteres).
Quizás si nuestro avezado jurista tuviese ocasión de llevar a la práctica sus recetas tuviéramos la ocasión de comprobar que las cosas no son como él imagina. Quizás, si la población de un país pusiera su destino en sus manos y le permitiese ensayar su doctrina político-constitucional, él mismo se desengañaría. ¿Quizás o quizás no?
lunes, octubre 16, 2006
Presos cubanos, cubanos presos y Manuel Fraga en la UGR
A partir de unos carteles vistos en diversas facultades de la Universidad de Granada, he tenido conocimiento de la existencia de cinco cubanos, acusados de espionaje, presos en EEUU. El asunto ha motivado la solidaridad de diversos profesores de esta universidad que celebrarán un acto reclamando la liberación de los encarcelados. Desconozco los detalles del caso judicial, si ha habido irregularidades procesales o alguna peculiaridad que lo haga distinto a los demás y, por tanto, objeto de sospecha. Por ese motivo, evitaré cualquier pronunciamiento sobre el fondo del asunto.
Sin embargo, me inquieta tanta solidaridad con cinco presos cubanos en EEUU y tan poca con los presos políticos en las cárceles cubanas o con los millones de cubanos que viven presos de un régimen dictatorial en su propia tierra.
Mientras escribía la nota, por cierto, me he enterado, a partir de una crónica de primera mano, de que Manuel Fraga ha tenido que interrumpir una conferencia que leía en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UGR esta misma mañana. Un grupo de alumnos impidió el acto que hubo de trasladarse a otra sala de aforo más reducido. Decir que siento vergüenza, tanto más en tanto que formo parte precisamente de esa comunidad universitaria, es decir poco.
De una cosa estoy seguro, el acto de los profesores de la UGR en solidaridad con los cubanos acusados de espionaje no será reventado.
Sin embargo, me inquieta tanta solidaridad con cinco presos cubanos en EEUU y tan poca con los presos políticos en las cárceles cubanas o con los millones de cubanos que viven presos de un régimen dictatorial en su propia tierra.
Mientras escribía la nota, por cierto, me he enterado, a partir de una crónica de primera mano, de que Manuel Fraga ha tenido que interrumpir una conferencia que leía en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UGR esta misma mañana. Un grupo de alumnos impidió el acto que hubo de trasladarse a otra sala de aforo más reducido. Decir que siento vergüenza, tanto más en tanto que formo parte precisamente de esa comunidad universitaria, es decir poco.
De una cosa estoy seguro, el acto de los profesores de la UGR en solidaridad con los cubanos acusados de espionaje no será reventado.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)